Entrevista a Elsa López sobre la novela Una gasa delante de mis ojos (Ediciones Idea, 2011).

La Palma, 2014.

Elsa López es la mejor poeta que tenemos actualmente en Canarias. Se trata de una sentencia subjetiva, es cierto, pero no por ello nace de mi boca con menos convicción. Por otra parte, la trayectoria de la autora como filósofa, antropóloga, narradora, poeta y editora merece, cuanto menos, la concesión del Premio Canarias de Literatura. Esta afirmación sí es totalmente objetiva, y se sustenta en una invitación al lector para que realice un recorrido por la obra de Elsa López, cuantitativa y cualitativamente impresionante. Con la calidez de su voz y de su trato, me ha concedido una entrevista sobre su última novela. Destaco que Elsa López es la mejor poeta que tenemos en Canarias porque su lenguaje es poético y profundo incluso cuando escribe novelas. Elsa es poeta, siempre.

La figura de Alfonsina es muy conocida: escritora argentina que se suicida lanzándose a las olas, personaje romántico al que canta Mercedes Sosa en “Alfonsina y el mar”. A menudo se considera que la literatura debe estudiarse al margen de la biografía del autor, o al menos, sin que la biografía condicione la lectura de los textos. ¿Es esto posible en el caso de Alfonsina Storni?

En mi caso no solo sería posible, fue así. Leí lo que mi madre puso en mis manos cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años. Me dio un libro de poesía editado en Argentina. Así conocí a varios autores, como Alfonsina Storni o Gabriela Mistral. Me perturbaban mucho los poemas de Alfonsina Storni, me pareció muy directa, y recuerdo siempre aquel poema de “Hombre pequeñito”, en el que hay tanto dolor y tanto rencor. Ella me llegó así, a través de la poesía. Cuando llegué a la universidad empecé a indagar un poco más sobre estas escritoras feministas, que por esa época no se estudiaban en la universidad. La vida de Alfonsina me conmocionó: ¿Por qué decidió acabar así con su vida?

¿Qué relación mantiene Elsa López, como lectora, con la obra de Alfonsina Storni?

Como lectora me sigue impactando, pero ahora ya estoy en la confusión de si es el personaje “legendario” de Alfonsina el que me empuja a entenderla de una manera distinta. Ya no la leo con la pureza con la que leo a un autor del que desconozco su vida. Cuando leo a Alfonsina incluso la veo físicamente, me vienen los testimonios de quienes la rodeaban, otros personajes de su entorno… Es muy difícil separar la lectura, ya no puedo deslindarla. No puedo ser objetiva como lectora.

Se suele calificar la poesía de Alfonsina Storni como “confesional”. ¿Estás de acuerdo?

Es biográfica, incluso. Si lees los libros desde los primeros a los últimos, te das cuenta de que todos los títulos tienen que ver con sucesos de su vida. Eso es fantástico porque lo ves en los poemas: el entusiasmo juvenil, las ilusiones, los fracasos, el dolor, el amor que se derrumba, los amores que van apareciendo… “Hombre pequeñito” no es un gran poema, pero tiene toda la gracia de la expresión. Es todo un canto a la libertad. Y el poema en el que dice “tenía los dientes amarillos” es prodigioso. ¡Qué manera tan elegante de romper con una emoción del pasado!

¿Crees que la Alfonsina que habla en sus poemas es ella misma o un personaje poético? Algunos críticos han comentado que podría ser un personaje poético creado.

No lo creo. Es Alfonsina. Si coges los libros irás viendo lo parecida que es la línea literaria a su vida. Además, las personas que la rodearon la describen de una forma muy cercana a la mujer que escribe y que tú puedes leer. A mí me pasa lo mismo: escribo poemas sobre mi vida interior; soy totalmente incapaz de escribir sobre lo que no siento, tanto en la poesía y la novela como en el ensayo. Por ejemplo, escribo sobre la arquitectura de un lugar que amo, con la que me identifico; sobre la medicina popular, o sobre el viento y sus repercusiones en la mente humana, pero porque yo he vivido ese fenómeno en Garafía. En las novelas, escribo sobre lo que ha sucedido o lo que ocurre a mi alrededor. Soy una persona observadora y muy sensible al entorno. Creo que esa es la clave para entender a Alfonsina.

En ciertas ocasiones has defendido el suicidio como acto de liberación. ¿Cómo influye el suicidio de Alfonsina Storni en Elsa López?

Defiendo el suicidio porque es un camino de la dignidad. Soy dueña de mi vida para conducirla, administrarla, para tener hijos o no tenerlos –y por eso defiendo el aborto-, y para no seguir viviendo si considero que tengo el derecho de no sufrir -por eso defiendo la eutanasia-. Yo, sobre mi cuerpo, decido. Alfonsina demuestra con su muerte que pensaba lo mismo. No quería el dolor moral ni el dolor físico. Porque ella no solo se mata por tener cáncer, sino porque sabe que el cáncer no le va a permitir vivir como a ella le gusta: entrar, salir, recitar, estar con su hijo. La canción Alfonsina y el mar canta al suicidio: Te vas, Alfonsina, con tu soledad. ¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar? No entiendo esta hipocresía social: cantan al suicidio muchas veces los mismos que luego hablan de él como un pecado imperdonable. Y esta es una canción preciosa.

¿Qué papel ha desempeñado Alejandro Storni en la obra?

Es una pena que no estuviera vivo para ver el libro de su madre, pero creo que Alejandro hizo lo que ella habría querido: silenciar el pasado y hacer una vida normal, como un hijo feliz que fue y que quiso mucho a su madre. Tengo lo que él me mandó: unas fotos, una carta muy cariñosa que me escribió y algunas cosas personales de Alfonsina. Sé que siempre estuvo muy orgulloso de su madre. Me puse en contacto con él en el año 1978 o 1979, por las fechas en las que empecé con esta historia. He estado muchos años recopilando material para poder escribir la novela, y él me ayudó mucho.

¿Qué fuentes has empleado para escribir la novela?

Los poemarios de Alfonsina, los libros editados sobre la poesía y la vida de Alfonsina, documentación que pedí a Argentina, una película preciosa sobre ella rodada en los años 40 o 50, etc. Recopilo todo lo que hay. Me documento mucho sobre todo; ahora, por ejemplo, llevo diez años acumulando materiales para escribir una novela sobre mi madre, Amada y los cocodrilos. Pero cuando recojo material no lo hago como lo haría un filólogo; lo hago como una poeta lo haría: busco sobre su vida, sobre sus amigos, sobre el día a día, lo que comía, lo que le gustaba, lo que la enfadaba, cómo era su carácter… Me documento sobre el lado humano para crear el personaje.

Cuando se escribe una novela, el escritor elige distintos procedimientos narrativos. ¿Por qué una autobiografía novelada y no solo una biografía o una novela?

El personaje de Alfonsina llegó a ser parte de mí misma. Cuando escribía la novela, sentía o quise sentir lo mismo que ella. Trabajé el libro haciendo un ejercicio de introspección muy fuerte: traje al presente un recuerdo muy doloroso para volver a sentir aquello, y escribí el pasaje de la novela donde se describe qué es el dolor. Y supe que ella podría sentir lo mismo. Alfonsina era una persona muy débil, muy triste. Solo hace falta leer sus poemas. Es muy difícil transmitir al lector un sentimiento, mucho más que narrar acciones. Imagínate entonces cómo explicar el sentimiento de otra persona para que luego, un tercero, te salte a ti como autor y vaya hasta Alfonsina. Todo ese proceso yo no supe cómo seguirlo. Escribí sobre Alfonsina porque me gustaba mucho, salió de mí de manera espontánea. Ya había escrito un libro en 3ª persona con su vida, con citas e incluso comentarios de texto. Pero luego me di cuenta de que había muchos libros de Alfonsina en ese tono, comentando su vida y sus poemas. Yo quise explicar qué sintió Alfonsina. Por eso elegí la autobiografía y la 1ª persona.

La novela es lírica, su prosa es poética en ocasiones, y aparecen imágenes que son constantes en tu producción poética. ¿Cómo influye tu poesía en la novela?

Esa es una forma mía de escribir de la que yo no me doy cuenta. Con El corazón de los pájaros ocurrió que en una crítica dijeron que no era una novela, sino un gran poema. Me di cuenta de que era así. No renuncio a esa parte: si noto que hay algo poético, no lo quito. José Hierro decía que hablo en endecasílabos. Puede ser que tenga el oído hecho a la poesía desde la infancia, porque crecí con la oralidad. Utilizo el lenguaje como viene; para mí, es una forma de expresarme cuando necesito comunicarme. No me doy cuenta de cómo sale, simplemente, son bocanadas de palabras. ¿Cómo las organizo? No lo sé. Cuando me vienen a la cabeza unos versos, ya me vienen así. No fuerzo la forma.

En el proceso de ponerte en el lugar de Alfonsina desarrollas un juego de máscaras, de identidades. ¿Has sentido que desarrollabas, en cierto modo, un personaje poético-narrativo para hablar de ella?

Es una mezcla. Hay un intento no conseguido de desarrollar un personaje-narrador creíble, es lo que me propongo. Lo que ocurre es que a lo largo de la escritura hay momentos de identificación demasiado grandes. Cuando hablo de sus viajes y de su familia es fácil hablar de ella, pero cuando el personaje se confiesa, confiesa sus dudas y temores, su miedo a morir, su miedo al dolor, al amor, entra en el juego Elsa López. La verdadera biografía mía la escribí en El corazón de los pájaros, y creo que la de Alfonsina parece también una novela autobiográfica, pero no lo es, exceptuando estos momentos de reflexión sobre el dolor o sobre un sentimiento. No es autobiográfica; es más un deseo de estar en su lugar, de ser ella en ese momento, que un hecho. He intentado que el público lector entienda a Alfonsina, y tal vez en algunos momentos eché mano de mis emociones, pero siempre en esos momentos me apoyé en su poesía. A través de su poesía veía lo que ella podía sentir.

El feminismo es un tema presente en la biografía y en la obra de Alfonsina, y también en esta novela. ¿Por qué?

El feminismo está presente en la novela porque formó parte de su vida y de su discurso. En mi caso, mi lucha fue más emocional que ideológica: mis tías eran solteras y ocupaban ya puestos importantes en museos. Mi madre era una mujer que tomaba decisiones en casa. Pero en casa no había discursos; éramos así porque éramos así. Cuando yo voy a los discursos feministas en los 60 voy arrastrada porque me parece normal que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades. Cuando llegué a la universidad me preguntó el profesor si yo había estudiado en un colegio de chicos y chicas, porque fui la única en sentarme el primer día con los chicos. Para mí era lo natural. Mis compañeras de batalla fueron Lourdes Ortiz, Carmen Martín Gaite, Marypaz Ballesteros, Rosa León… Mi primera pandilla, la de la facultad. Alfonsina iba por libre: la invitaban a dar mítines porque era una gran oradora no solo en la defensa de las mujeres, sino también en la defensa de los trabajadores. Reclamaba que las mujeres trabajaran lo mismo que los hombres cobrando lo mismo, fíjate qué discurso y cuánta lucha. Incluso vino a Barcelona a dar una conferencia en la República.

¿Hasta qué punto hay una identificación entre Alfonsina Storni y Elsa López?

Durante un tiempo fui una mujer en una tertulia de hombres, igual que ella. Quise tener un hijo contra el mundo, igual que ella. Tuve que salir adelante sola en la literatura, sin ayuda, exceptuando algunos premios. Ningún editor quería editarme un libro si no era por un premio. Cuando escribo sobre Alfonsina, escribo porque encuentro en ella algo muy atractivo, y porque en un determinado momento, yo estaba contando mi propia vida, una vida mucho menos brillante, menos importante, pero aun así con cierto paralelismo. Sobre todo, con un paralelismo interior. Elijo la primera persona porque me pregunto: ¿Cómo cuento yo mi pena? ¿Cómo cuento yo que he muerto pero no he sido tan valiente para suicidarme como ella? No tenemos nada que ver en la poesía, escribiendo, pero la elijo, inconscientemente, porque creo parecerme a ella; y ahora, cuando ya la he leído a través de mí misma, me he leído. Además, creo que su historia es universal. Lo que le pasa a Alfonsina le puede pasar a todas las mujeres.

Entrevista a la escritora Elsa López, Suplemento Cultural El Perseguidor, Diario de Avisos (6 jul. 2014).

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