Tras el rastro de Pino Ojeda

por Covadonga García Fierro

Ante un poema, un cuadro o una melodía, se produce una emoción que el ser humano únicamente es capaz de sentir cuando asiste a esa manifestación artística: la poesía, la pintura, la música. Se trata de una emoción genuina, que nos conecta con nosotros mismos y que, al mismo tiempo, trasciende las coordenadas espaciotemporales para conectarnos con su autor o autora.

La primera vez que leí un poema de Pino Ojeda, corría el año 2014. Los primeros versos decían: “Algo, de pronto, sacude mis huesos. / Y vivamente me incorporo. / Sobre mi piel atormentada brotan agudos tallos / que se alargan buscando / la carne donde enraizar su tristeza”. El poema pertenecía a su libro El alba en la espalda (1987). Cuando terminé de leerlo, no pude contener la emoción. Sin saber por qué, me sentía vinculada a Pino Ojeda como si sus sentimientos, sus frustraciones y sus deseos formaran parte de mi propia vida.

Necesitaba saber más, pero ni mis compañeros ni mis profesores de la facultad de Filología me supieron decir nada más allá de que era una autora de Gran Canaria. Tampoco era posible conseguir sus libros (los que sí se habían editado) en las librerías. Estaban descatalogados. A todos los efectos, parecía una completa desconocida. Una escritora sin importancia.

Sin embargo, yo sabía que la emoción que había sentido al leerla era real. Y sabía, también, que en el canon rara vez se permite que entre una mujer. Y que el machismo permea todas las capas de la vida humana, incluida la de la cultura y las artes. Y sabía también que enfrentarse a las barreras de género era una lucha de gigantes, pero que merecía la pena. De modo que me decidí a investigar sobre Pino Ojeda, a buscar la verdad de su valía por mí misma en lugar de dejar que otros me convencieran.

Visité varias veces su casa en Escaleritas, en Gran Canaria. Ningún profesor, investigador o comisario varón había entrado allí antes. Al menos, no con fines honestos. Solamente lo habían hecho mujeres investigadoras como Yolanda Peralta Sierra o Blanca Hernández Quintana, a quienes, con el tiempo, llegaría a admirar profundamente. ¿Era nuestro género una casualidad?

Tomé entre mis manos sus obras inéditas, toqué su máquina de escribir, acaricié las dedicatorias que Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas y Carmen Conde habían dejado en las páginas de algunos de los libros de su biblioteca. Leí su correspondencia epistolar, sus obras inéditas. Entré en el taller donde pintaba, donde esculpía y soñaba. Enseguida comprendí que era una autora imprescindible, de un valor literario y artístico incalculable. Una de las voces más sólidas de nuestra literatura. Una inventora de mundos imaginarios de lava y océanos desconocidos.

Descubrí entonces, siempre de la mano del hijo, el nieto y la nuera de Pino Ojeda, Domingo Doreste Ojeda, Domingo Doreste González y Duli Ramos, un mundo inexplorado. Tan inexplorado que incluso su familia lo desconocía en buena parte: más archivos con más cartas, más novelas, poemarios y obras de teatro. Todo inédito. Miles de fotografías de Pino Ojeda, obra plástica de todo tipo. Las piezas de toda una vida. Piezas de un enorme valor artístico y patrimonial, olvidadas por las instituciones y por la Academia. Los únicos que apostaban por aquel legado éramos los familiares de la autora y las pocas investigadoras que nos habíamos acercado a su obra.

Desde el Ateneo de La Laguna, donde yo colaboraba por aquel entonces, quisimos hacer varias actividades en honor a Pino Ojeda. Conferencias, mesas redondas, la proyección de la película La habitación del fondo (2016), dirigida por Domingo Doreste González, etc. Pero quizás la más importante fue representar, por primera vez, una de sus obras de teatro, El gran cobarde. Todavía tengo intacta en la memoria la imagen de los actores y las actrices de la Agrupación de Teatro de Filología de la ULL, dando vida a los personajes de Pino Ojeda, con la excelente dirección de Pepe Ramos Arteaga. Probablemente fue lo más hermoso y emocionante que viví allí en los dos años que formé parte de la institución. También fue lo más esperado: Pino Ojeda había escrito la obra en 1954.

En 2016 el Cabildo de Gran Canaria reeditó su Obra poética, y en 2017 aparecieron el poemario El derrumbado silencio (escrito en 1978) y la novela Con el paraíso al fondo (escrita en 1954). Me costaba comprender por qué, habiendo sido una autora con tanto talento, conocida y premiada en su época en certámenes tan relevantes como el Adonais de Poesía o el Nadal de Novela, sus manuscritos habían tenido que esperar más de medio siglo para ser publicados. Del mismo modo que no entendía por qué se comisariaban exposiciones sobre el legado pictórico y poético de Canarias sin que las autoras fueran representadas. Siempre les ocurre a ellas. Siempre ellas son sospechosas de no estar a la altura, de no tener la suficiente calidad. Y tampoco entendía por qué determinados profesores míos de literatura me decían que el enfoque feminista o de género estaba bien para la sociología, pero que era un error a la hora de hacer una investigación sobre literatura. ¿Por qué cuando una investigadora quiere decir que otra mujer fue valiente y que tuvo que superar obstáculos por su condición de mujer, se entiende que esto es inapropiado o poco académico? ¿Por qué aún se hallan reticencias para ver la cuestión de género como algo transversal a todas las áreas, carreras y disciplinas? Al fin y al cabo, como dijimos más arriba, el machismo permea todas las esferas de la vida humana.

El año 2018 serviría para recuperar la memoria de Pino Ojeda, por fin, tal como ella merecía: a través de la celebración del Día de las Letras por parte del Gobierno de Canarias. Y el interés que Pino Ojeda había logrado despertar de manera paulatina e intermitente a lo largo de los años, y que se había acrecentado en los dos últimos, dio como fruto varias publicaciones esenciales. Entre ellas, la reedición de su poesía completa, incorporando poemarios que estaban inéditos, gracias a Marta Porpetta, directora de Ediciones Torremozas, editorial madrileña especializada en literatura escrita por mujeres. Nuevamente, la sororidad. Por desgracia, el hijo de Pino Ojeda, Domingo Doreste Ojeda, no pudo verlo. Falleció varios días antes del acto institucional.

Se celebraron actos en todas las islas canarias: conferencias en centros educativos de todo el archipiélago, recitales de su poesía, exposiciones de sus obras pictóricas y escultóricas, e incluso se descubrió una escultura en su honor en una de las calles de Agaete, en Gran Canaria. Pero el paso más importante sería elegirla como una de las autoras de cuya poesía se examinaría el alumnado de segundo de bachillerato en la EBAU, junto con la de Pedro García Cabrera y Josefina de la Torre. Porque si queremos empezar la casa por los cimientos, es necesario educar, ofrecer referentes femeninos sobresalientes a las futuras generaciones de mujeres, mostrarles el camino, hacerles ver que las escritoras, las artistas, las pensadoras siempre estuvieron ahí, pero el relato histórico fue manipulado para invisibilizarlas, para borrar su legado.

Pino Ojeda fue muchas cosas. Tantas que no se podrían explicar en un artículo. Escritora de cuentos, novelas, obras de teatro y libros de poesía, también fue una excelente editora. Fundó la revista Alisio. Hojas de poesía en 1952, con el objetivo de aunar la literatura escrita en Canarias y la que se escribía en la península. Fue también la primera mujer en Canarias en fundar una galería de arte. Fue una madre que adoraba a su hijo, pero que supo desarrollar su propia vida en lugar de reducirla únicamente a la maternidad. Una mujer adelantada a su época que siempre ejerció la libertad, sin pedir permiso para volar.

En noviembre de 2019, ha sido creada por su familia la Fundación Canaria Pino Ojeda. Todavía no ha empezado su actividad, pero sí podemos decir que ya existe formalmente. Se trata de otro hito histórico: es la primera fundación en Canarias dedicada a una escritora.

Compañeras, no se dejen convencer. Investiguen, descubran por ustedes mismas las voces que han sido borradas del relato histórico. Ellas están ahí. Viven en nosotras.

Artículo “Tras el rastro de Pino Ojeda”. Recorrido por los principales hitos para visibilizar a la autora. Suplemento Cultural El Perseguidor, Diario de Avisos (8 dic. 2019).

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